LA SÁTIRA MALICIOSA Y LA CULTURA DEL DESPRECIO. DE MONÓLOGO DE HUMOR A ATAQUE CONTRA LA DIGNIDAD PROFESIONAL.
LA SÁTIRA MALICIOSA Y LA CULTURA DEL DESPRECIO. DE MONÓLOGO DE HUMOR A ATAQUE CONTRA LA DIGNIDAD PROFESIONAL.
LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA SÁTIRA Y EL MENOSPRECIO. EL SIGIFICADO DEL VIGILANTE DE PACOTILLA.
La representación del vigilante como el "portero con chapa", el "guarda simplón" o el individuo con escasa formación, es el estereotipo que domina el ámbito artístico y mediático. Al igual que el apodo "segurata" trivializa la labor, esta representación dramática niega la complejidad del rol.
En un contexto humorístico, la burla a la profesión en abstracto suele estar legalmente amparada por el artículo 20 de la Constitución, dentro de la Libertad de Expresión. El derecho a la sátira y la parodia, aunque sean ácidas o de mal gusto, tiene una protección jurisprudencial muy laxa, y rara vez supera el umbral del delito de injurias o calumnias contra un colectivo abstracto. Por lo tanto, desde el punto de vista del Derecho Penal, la ridiculización es lícita.
No obstante, la legalidad no implica moralidad. Desde una perspectiva ética, la ridiculización que se basa en la ignorancia y que reduce el valor de un servicio público esencial es moralmente reprochable. Al insinuar que la formación en Leyes, Constitución o Código Penal son "gilipolleces" —tal como ocurre en ciertos monólogos— se transmite la idea de que la profesión no requiere de inteligencia, conocimiento ni preparación seria. El humor no puede ni debe justificar la falta de respeto a la labor ajena.
LA ANATOMÍA DEL DESCRÉDITO. UN COLECTIVO PROFESIONAL DESPRECIADO.
El daño que esta cultura de la mofa inflige a la profesión es cuantificable en términos de honor objetivo y percepción social. Al margen de las agresiones físicas, el vigilante se enfrenta a una agresión constante de carácter psicológico: el menoscabo de su reputación profesional.
El desprecio cultural afecta directamente a la dignidad y al honor objetivo del colectivo. El honor objetivo se refiere a la reputación social y profesional; al reforzar un estereotipo negativo, se le niega al vigilante su rol como colaborador de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Este estereotipo ignora que la profesión requiere de:
●Formación Reglada y Específica:
Un plan de estudios riguroso y habilitación oficial para la protección de bienes y personas.
●Responsabilidad Civil y Penal:
Actuar bajo un marco legal estricto, tomando decisiones que tienen consecuencias reales en situaciones de riesgo.
●Gestión de Crisis y Conflictos:
Intervenir diariamente en escenarios de alta tensión donde se requiere templanza, juicio rápido y habilidades de mediación.
Esta afectación, aunque rara vez supera el umbral para una denuncia penal o civil por protección al honor (ya que la jurisprudencia suele dar preeminencia a la libertad de expresión artística), es una realidad frustrante.
EL USO DE DISTINTIVOS. PROFUNDIZAR EN LA FALTA DE RESPETO.
Un punto de fricción constante en el cine, la televisión y las actuaciones es el uso paródico de los distintivos y medios de dotación (uniformes, defensas, grilletes, emblemas).
Si bien en un contexto obvio de parodia y en un local de ocio no suele ser sancionable —ya que la intención de mofa prevalece—, es el elemento más cercano a una infracción administrativa por uso no autorizado de elementos que podrían inducir a error. Más allá de la legalidad, el uso de estos elementos en clave de burla se convierte en un símbolo del desprecio, banalizando las herramientas que, en la vida real, representan el último recurso para la autoprotección y la salvaguarda de la integridad física de terceros. Esto subraya que la profesionalidad del vigilante es pisoteada para generar un chiste fácil.
PROTECCIÓN LEGAL Y VÍA DE ACCIÓN. LA BATALLA POR EL HONOR.
La vía más efectiva para combatir esta cultura del desprecio no es la legal, sino la social y corporativa. En el debate entre la Libertad de Expresión y la protección del Honor de un colectivo, la justicia tiende a amparar la primera. Por ello, la respuesta del sector debe ser de dignificación activa.
La mejor defensa contra la banalización no es el silencio, sino la demostración pública de su valía, formación y seriedad. Las herramientas efectivas de acción son:
●Comunicados Oficiales:
Sindicatos y asociaciones deben condenar enérgicamente las representaciones desinformadas y denigratorias en cualquier medio.
●Uso Estratégico de Redes Sociales: Visibilizar de forma constante el rigor del plan de estudios, las responsabilidades legales reales, y la alta tasa de riesgo y agresiones que soporta el colectivo, contrastando la realidad con la burla.
●Diálogo con el Sector Audiovisual:
Buscar activamente la colaboración con productoras y guionistas para asegurar que, cuando se represente a un vigilante, se haga con el rigor y la seriedad que requiere.
HACIA UNA REDEFINICIÓN DEL PAPEL DEL VIGILANTE DE SEGURIDAD.
La problemática de la representación denigrante del vigilante en el ámbito artístico es un síntoma de una sociedad que no valora suficientemente el papel crucial que desempeñan estos profesionales en la cadena de la seguridad. La burla cultural, amparada en la libertad de expresión, actúa como una erosión constante a la moral y al honor objetivo del colectivo.
Es fundamental que las asociaciones profesionales y la opinión pública exijan que el humorismo, en su ejercicio lícito de la sátira, no se convierta en una plataforma para la desinformación y el desprecio a una profesión regulada. Dignifiquemos nuestra profesión trabajando y demostrando ser profesionales. Hagámoslo desde un enfoque claro y realista, para no confundir a nadie. Fórmate para que nada te pille por sorpresa. Solo así se podrá transitar de la figura del personaje de sketch burlesco a la del Vigilante de Seguridad: un profesional respetado, protegido y valorado por su vital contribución a la seguridad.
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